Tener tanto la capacidad de volar como la de pegarse a una superficie vertical y avanzar por ella como lo haría una mosca no es fácil de replicar en un robot, pero se ha conseguido en con este sofisticado dron para extinción de incendios. 

Ha sido diseñado para avanzar entre las llamas, resistiendo el contacto directo con ellas.

La película estadounidense de 1974 titulada Towering Inferno (o “El coloso en llamas” en algunos países), dio un gran impulso al género cinematográfico de catástrofes y además ilustró bien los verdaderos problemas de los bomberos enfrentados a acabar con un incendio en un rascacielos de 138 pisos. Hasta hoy día, los incendios en edificios tan altos siguen siendo considerados como uno de los desastres más peligrosos.

Los fuegos en rascacielos son particularmente difíciles de contener debido a su capacidad de extenderse rápidamente en espacios de gran densidad ocupacional y por la dificultad de luchar contra ellos en la compleja estructura vertical de los edificios. La accesibilidad a los rascacielos en el momento del fuego se ve limitada, y es complicado evaluar la situación inicial.

El FAROS, cuyos movimientos dependen de un sistema de cuatro hélices, puede transformar libremente su modo de vuelo en un movimiento de deslizamiento arácnido por las paredes, y viceversa, facilitando una navegación sin impedimentos en el laberinto de espacios estrechos llenos de escombros y cascotes dentro del edificio en llamas.

El dron “estima” qué postura le conviene más adoptar en cada momento, y lo hace utilizando un escáner láser bidimensional, un altímetro y un sensor de un tipo conocido como unidad de medida inercial, para navegar de forma autónoma. Valiéndose de datos de localización, usando una cámara de visión térmica para reconocer objetos o personas dentro del edificio, y empleando tecnología sofisticada de procesamiento de imágenes, el FAROS puede también detectar y encontrar el punto donde se inició el fuego.

El FAROS es ignífugo y resistente al fuego. El cuerpo del dron está cubierto con fibras de aramida para proteger sus componentes mecánicos y eléctricos de los efectos directos de las llamas. La piel de fibra de aramida también posee una zona de aire bajo ella, y un sistema de refrigeración termoeléctrico basado en el efecto Peltier, para ayudar a mantener la capa de aire dentro de un rango de temperaturas específico.

El equipo de investigación demostró la viabilidad del sistema de localización y el mecanismo de escalada de paredes en un entorno interior lleno de humo. La prueba ignífuga mostró que el dron puede soportar el calor de más de 1.000 grados Celsius de las llamas de gas butano y de etanol durante más de un minuto.

Un equipo de investigación en el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología (KAIST), en Daejeon, Corea del Sur, dirigido por Hyun Myung, ha desarrollado un vehículo aéreo no tripulado, llamado FAROS (por las siglas de Fireproof Aerial RObot System), que detecta fuegos en rascacielos, registra el interior del edificio y transfiere datos en tiempo real de los escenarios del incendio a la estación receptora en tierra.

Como versión ampliada de CAROS (Climbing Aerial RObot System), el cual fue creado en 2014 por el mismo equipo de investigación, el FAROS puede también volar y escalar por las paredes.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/